Su marcha no ha hecho más que abrir
cicatrices superficialmente cerradas. Y nada puede hacerte olvidar
sus rasgos, esa nariz aguileña tan suya. Y el remolino en su
cabello, y lo mucho que le enfadaba despeinarse. Solo la forma que
tenía de acariciar tu pelo parece que no se va a marchar nunca, lo
calmada que te sentías a su lado, la forma en que sus labios
presionaban tu mejilla, la dulce música que provocaba con solo
sonreír. Parecía que no te hacía falta nada más para ser feliz,
el brillo de sus ojos parecía darte la vida. Pero es demasiado
tarde. Te das cuenta, te das cuenta de que sus recuerdos no van a
irse, que levantarás por la mañana pensando que todo es una
pesadilla, pero no, es real. Estás sola, y él ya no está ahí para
relajarte y hacer que te duermas otra vez. El pulso no deja de
acelerarse, desorbitado, hacia algo inexistente. Y nunca vas a asimilar ese "adiós".24/1/14
Adiós.
Su marcha no ha hecho más que abrir
cicatrices superficialmente cerradas. Y nada puede hacerte olvidar
sus rasgos, esa nariz aguileña tan suya. Y el remolino en su
cabello, y lo mucho que le enfadaba despeinarse. Solo la forma que
tenía de acariciar tu pelo parece que no se va a marchar nunca, lo
calmada que te sentías a su lado, la forma en que sus labios
presionaban tu mejilla, la dulce música que provocaba con solo
sonreír. Parecía que no te hacía falta nada más para ser feliz,
el brillo de sus ojos parecía darte la vida. Pero es demasiado
tarde. Te das cuenta, te das cuenta de que sus recuerdos no van a
irse, que levantarás por la mañana pensando que todo es una
pesadilla, pero no, es real. Estás sola, y él ya no está ahí para
relajarte y hacer que te duermas otra vez. El pulso no deja de
acelerarse, desorbitado, hacia algo inexistente. Y nunca vas a asimilar ese "adiós".
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