24/1/14

Adiós.


Su marcha no ha hecho más que abrir cicatrices superficialmente cerradas. Y nada puede hacerte olvidar sus rasgos, esa nariz aguileña tan suya. Y el remolino en su cabello, y lo mucho que le enfadaba despeinarse. Solo la forma que tenía de acariciar tu pelo parece que no se va a marchar nunca, lo calmada que te sentías a su lado, la forma en que sus labios presionaban tu mejilla, la dulce música que provocaba con solo sonreír. Parecía que no te hacía falta nada más para ser feliz, el brillo de sus ojos parecía darte la vida. Pero es demasiado tarde. Te das cuenta, te das cuenta de que sus recuerdos no van a irse, que levantarás por la mañana pensando que todo es una pesadilla, pero no, es real. Estás sola, y él ya no está ahí para relajarte y hacer que te duermas otra vez. El pulso no deja de acelerarse, desorbitado, hacia algo inexistente. Y nunca vas a asimilar ese "adiós".

No hay comentarios:

Publicar un comentario