25/1/14

Gotas.

El sonido de la lluvia inunda la tarde. Mojan un suelo ya mojado. Mojadas, también, las páginas en las que tanto tiempo ha pasado creando, se hacen nada, se disuelven, mueren, inundadas por la tristeza contenida. Pero no son de lluvia sus gotas, Salen de sus ojos, limpiándolo, a veces a pares, a montones, o solitarias. Un sollozo irrumpe el sonido de la lluvia, lo rompe, lo quiebra. Y ya no se calla, ya no se para. Un mar silencioso la ahoga, ella misma se destruye, se desmorona. La marea sube, enfurecida, y ella, en su triste ventana abierta, observa como las olas rompen al precipicio, fuertes, nuevas, valientes. Sus lágrimas siguen cayendo, precipitándose sobre el agua, aunque insignificantes, pequeñas. Y ella sigue sus penas, y la ventana se cierra, y ella cae, estalla, se precipita, y se hunde, pequeña, insignificante, sola, triste, rota, nada.

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