1/2/14

Recuerdos.


Esa sala me inunda de recuerdos. Solo entrar, era el olor que hacía. No es comparable con nada, es algo única, propio de ese lugar. Recuerdo el suelo de madera e irregular, sobre el cual descargaba mi energía cada vez que bailaba. Recuerdo el frío del invierno, la forma en la que nos acercábamos a la estufa de gas para hacer que nuestro corazón no se helara más de lo que ya estaba. (y es que para bailar se necesita un corazón que palpite con fuerza). Recuerdo, también, los espejos en los que nos corregíamos los pasos erróneos, dónde nos veíamos. Veíamos la hermosura que formábamos, una unión perfecta a la vez que brillantes individualidades. Alguna tenía las medias más rotas que la otra, tal vez una llevaba el pelo recogido de forma diferente, pero el conjunto era harmonioso y puro. Era algo real. Y el piano donde alguien se sentaba a tocar nuestros ejercicios, trabajados y ejecutados de forma casi perfecta. Pero, allí un error no se disimulaba. Y si fallabas, sentías que fallabas al grupo. Que todo era tu culpa. Pero, disfrutaba. Cada pirouette era un nuevo reto, cada plié debía estar perfectamente ejecutado. Me exigía más que nunca, luchaba por conseguirlo. Para mantenerme derecha a la vez que con la pierna estirada, y la punta de los pies en la forma perfecta. Pero todo se ha quedado en un par de vestidos en un armario, perdidos.

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