Esa
sala me inunda de recuerdos. Solo entrar, era el olor que hacía. No es
comparable con nada, es algo única, propio de ese lugar. Recuerdo el suelo de
madera e irregular, sobre el cual descargaba mi energía cada vez que bailaba.
Recuerdo el frío del invierno, la forma en la que nos acercábamos a la estufa
de gas para hacer que nuestro corazón no se helara más de lo que ya estaba. (y
es que para bailar se necesita un corazón que palpite con fuerza). Recuerdo,
también, los espejos en los que nos corregíamos los pasos erróneos, dónde nos
veíamos. Veíamos la hermosura que formábamos, una unión perfecta a la vez que
brillantes individualidades. Alguna tenía las medias más rotas que la otra, tal
vez una llevaba el pelo recogido de forma diferente, pero el conjunto era
harmonioso y puro. Era algo real. Y el piano donde alguien se sentaba a tocar
nuestros ejercicios, trabajados y ejecutados de forma casi perfecta. Pero, allí
un error no se disimulaba. Y si fallabas, sentías que fallabas al grupo. Que
todo era tu culpa. Pero, disfrutaba. Cada pirouette era un nuevo reto, cada
plié debía estar perfectamente ejecutado. Me exigía más que nunca, luchaba por
conseguirlo. Para mantenerme derecha a la vez que con la pierna estirada, y la
punta de los pies en la forma perfecta. Pero todo se ha quedado en un par de
vestidos en un armario, perdidos.1/2/14
Recuerdos.
Esa
sala me inunda de recuerdos. Solo entrar, era el olor que hacía. No es
comparable con nada, es algo única, propio de ese lugar. Recuerdo el suelo de
madera e irregular, sobre el cual descargaba mi energía cada vez que bailaba.
Recuerdo el frío del invierno, la forma en la que nos acercábamos a la estufa
de gas para hacer que nuestro corazón no se helara más de lo que ya estaba. (y
es que para bailar se necesita un corazón que palpite con fuerza). Recuerdo,
también, los espejos en los que nos corregíamos los pasos erróneos, dónde nos
veíamos. Veíamos la hermosura que formábamos, una unión perfecta a la vez que
brillantes individualidades. Alguna tenía las medias más rotas que la otra, tal
vez una llevaba el pelo recogido de forma diferente, pero el conjunto era
harmonioso y puro. Era algo real. Y el piano donde alguien se sentaba a tocar
nuestros ejercicios, trabajados y ejecutados de forma casi perfecta. Pero, allí
un error no se disimulaba. Y si fallabas, sentías que fallabas al grupo. Que
todo era tu culpa. Pero, disfrutaba. Cada pirouette era un nuevo reto, cada
plié debía estar perfectamente ejecutado. Me exigía más que nunca, luchaba por
conseguirlo. Para mantenerme derecha a la vez que con la pierna estirada, y la
punta de los pies en la forma perfecta. Pero todo se ha quedado en un par de
vestidos en un armario, perdidos.
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