19/2/14

Invisible.


Estaba tan rota que ya siquiera la mejor de sus sonrisas disimularía su tristeza. Se le notaba. Las ojeras traspasaban las capas de maquillaje aplicadas sin cuidado bajo sus ojos, a los que hacía tiempo que se les había apagado el brillo que mucho tiempo antes la había caracterizado. Hasta su forma de caminar era distinta: bajaba la cabeza y se miraba la punta de los zapatos mientras andaba sin energías para hacerlo mejor. El pelo lo llevaba con un recogido no demasiado trabajado, y las antiguas mechas azules que habían decorado su cabello, ahora estaban descuidadas y lo que un día le iluminó el rostro, ahora le daba un toque dejado.
Ni siquiera en los labios se podía apreciar un mínimo de vitalidad. Estaban pálidos, casi antihumanos, y hacia tiempo que no muestra las comillas que un día se le formaban al sonreír.
Y, lo que más me llamó la atención, fue que nadie parecía verla.

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