Soy la última carta del perdedor, o mejor dicho, la que al empezar el juego queda apartada, inservible.
Soy la que sobra y nunca falta, a la que nadie necesita, en la que nadie confía.
Soy la que ha dejado de bajar las escaleras de dos en dos y la que ya no da brincos por la calle.
La que ahoga sus gritos en mares de lágrimas, inundando la almohada, para abrazarla al dormir.
La que intenta y fracasa, hasta que se cansa del esfuerzo.
La que tiene la culpa, la que no se controla, la que no hace más que cagarla. La que ha dejado de sonreír. La peor persona del mundo.
La última de la lista, el último y peor recurso, y con ello, el último y peor fallo. La última, el descarte.
21/2/14
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