3/5/14
Esperanza a primera robada de silla.
El caso es que, ese día, al llegar, un hombre estaba sentado en mi silla con un libro entre manos. Parecía que ignoraba todo y a todos, exactamente como hacía yo siempre que me submergía entre libros y cafés. Al fijarme bien en él, más que un hombre, era un chico. Debía tener unos dieciocho años, tenía el pelo un poco crecido pero cuidado, y la piel oscurecida. De sus orejas colgaban un par de cables, que se unían en la entrada de auriculares de su teléfono. Claramente, no se había percatado de la presencia de la propietaria de esa silla. Mi presencia. Lo único que se me ocurrió fué sentarme en la silla de al lado con las pieras cruzadas, dejar mi café al lado del suyo y sacar la novela que leía en ese momento. No recuerdo el título, solo la mirada que mi nuevo compañero de mesa le echó. Creí que sería una mirada extraña, porque, quisiera o no, una extraña se acababa de sentar a su lado sin ni siquiera consulárselo. Pero, al levantar la cabeza, parecía de admiración. Abrí mi libro, sintiéndome todavía observada, y me submergí en la lectura. Y, aunque iba pasando páginas, me pasó lo que nunca antes me había ocurrido: no recordé ni una palabra de los tres capítulos que leí, y olvidé por completo el café que tenía encima de la mesa. Y, pese a no levantar la cabeza, sabía que el ocupante de mi silla me seguía observando. Decidí sacar mi libreta y escribir mi nombre. Tal vez vió que lo hacía, tal vez no. A las nueve en punto, mi hora habitual de partida, me levanté y dejé caer la hoja. Con un movimiento rápido, guardé el libro y el cuaderno, me colgué la mochila de la espalda y bajé las escaleras. Pasé el portal, confusa grácias al tipo que me robó el sitio.
Al día siguiente, volví. Él no estaba, la hoja seguía donde yo la había dejado. Pero yo no me dejé caer en mi silla. Ahora me siento en la de al lado, esperando que alguien se siente en la que yo solía frequentar. No olvidemos nunca que lo que somos, dejaremos de serlo. Que lo que sentimos, dejaremos de sentirlo. Que lo que queremos, dejaremos de quererlo. Que nuesta silla, quedará vacía. Y que de tanto esperar, al final nos caemos de bruces al ver que por más espera nadie aparecerá.
(Otro café, por favor, que este ya se me ha enfriado)
En el más apartado banco del parque.
Cuando le parece que sus trazos son suficientes, coge un color de su caja. Esta vez escoge el verde, y con él rellena las hojas que danzan siguiendo la melodía del silbido del viento, que pasa a través de ellas haciendo caer cada vez un par. Pinta también un poco de hierba por aquí y por allí y el jersey de la mujer que pasea al perro.
Cuando termina, Laia cierra el cuaderno y lo deja en el banco en el que cada día lo encuentra, siempre con una nueva escena pintada con solamente uno de los colores de su caja. Siempre hay alguna cosa que le sorprende; desde dos niños recorriendo el parque de la mano hasta un abuelo jugando (con el que parece ser su nieto) a hacer castillos en la arena. Y día tras día, ella deja allí su cuaderno para que, tal vez, alguno de los retratados en las páginas de la pequeña artista, se encuentre y se sorprenda de haberle llamado la atención a Laia.
2/5/14
.
Azules.
11/4/14
Entre rosas marchitas.
Carreras de obstáculos y caídas y de todo.
10/4/14
Días (malos días)
Hoy es uno de esos días en los que mi mirada no reflecta nada más que odio. Ni una palabra amable, ni siquiera una sonrisa, malas acciones y desinterés. De esos que, más que a mi, odio a todo lo que me rodea, uno de esos en los que me doy cuenta de lo sola que estoy y de que nadie me entiende. Soy un interruptor que salta a la primera de cambio y que explota a la mínima. Pero nadie se da cuenta de nada y no hay persona que consiga animarme. Y esta se suma a las infinitas razones de odio que siento. Hoy es uno de esos días en los que te necesito más que nunca.
27/3/14
Que todo me recuerda a ti.
Quiero que simplemente me des las instrucciones de cómo olvidar porque por más recetas que sigo no lo consigo y es que contigo todo es más fácil. Y parece ser que ahora tú tienes la experiencia, así que cuéntame, ¿cómo te olvido? ¿cómo aparto de mi mente cada uno de los momentos que pasé a tu lado? Alguien me dijo que cerrara los ojos y pensara en algo bonito, pero joder, solo se me ocurre tu rostro. Otro me dijo que me tumbara en la hierba y viera como los pájaros volaban de día y como la luna dejaba la noche un poco menos oscura. Pero qué quieres que haga si cada estrella me susurra tu nombre, si cada flor me recuerda a las que les arranqué los pétalos solo para confirmarme que no me querías.
Y es que creo que la única forma de olvidarte es no quererte pero tampoco se que hacer para desenamorarme de ti, así que espero que tú tengas una idea mejor porque así no puedo.
26/3/14
Palabras.
24/3/14
Lágrimas de lo que fuí.
Y de tanto aguantar, al final me salieron las lágrimas a cascadas. Que todas las tristezas no lloradas, se sumaron, como una bola de nieve en los dibujos animados, que rueda y rueda y de ser nada pasa a ser algo enorme. Y mi bola de tristezas llegó al final de la montaña, se rompió y yo con ella. Que en medio de la multidud, recibí un golpe y me mató, que no pude absorbirlo y simplemente me rompí. Y cuando empecé a llorar, las lágrimas salieron a cascadas y parecía un río interminable. Que no se cómo no inundé el suelo de los mares que salieron por mis ojos, lágrimas contenidas y expulsadas en el peor de los momentos. Lágrimas de odio, de sangre, de decepciones, de tristezas. Lágrimas de lo que fuí.
Al menos, espero que no haya motivos para hacer otra bola de nieve, que si no muero de esta, pueda estar un tiempo feliz.
23/3/14
Esperada primavera.
18/3/14
Y me olvidaste y no te olvidé.
Besos marchitos.
14/3/14
Falsedades.
Nadie ya.
Llegaste a mi vida con la intención de curar todas mis heridas, sin saber que era imposible, que vivo en un invierno permanente y que siquiera en pleno verano puedo llegar a ser feliz. No pienses peor de lo que deberías, mis sonrisas eran reales. Me hiciste estar un poco menos triste y empezaste una primavera que no iba más que a ninguna parte. Creíste que me abriste el horizonte pero yo sabía que esa línea tenía final. Porque siempre pasa, nada es para siempre, y aunque fuiste la única que no echó sal en mis heridas, creo que ni tan solo el tiempo puede curarlas. Te agradezco de corazón estos meses, y querría que no te fueras nunca. Pero vivo de recuerdos y deseo que el nuestro sea bueno, y mis finales sin forzar son malos finales, de los que ensucian las bonitas historias. Así que, fuerzo nuestro final. No quiero hacerte daño y se que, aunque no lo creas, a mi lado acabarás como yo. Nadie ya puede borrar mis tristezas.
7/3/14
Las ranas sin príncipe a veces también sueñan.
Las despedidas tardanas siguen siendo despedidas.
3/3/14
Tiempo perdido.
28/2/14
Fallos (y cigarros)
21/2/14
Discard
Soy la última carta del perdedor, o mejor dicho, la que al empezar el juego queda apartada, inservible.
Soy la que sobra y nunca falta, a la que nadie necesita, en la que nadie confía.
Soy la que ha dejado de bajar las escaleras de dos en dos y la que ya no da brincos por la calle.
La que ahoga sus gritos en mares de lágrimas, inundando la almohada, para abrazarla al dormir.
La que intenta y fracasa, hasta que se cansa del esfuerzo.
La que tiene la culpa, la que no se controla, la que no hace más que cagarla. La que ha dejado de sonreír. La peor persona del mundo.
La última de la lista, el último y peor recurso, y con ello, el último y peor fallo. La última, el descarte.
19/2/14
Estoy, no soy.
No quiero admitirlo, pero estoy más hundida que Titanic. Me hundo en mis propias lágrimas. También estoy más perdida que una hormiga en un laberinto. Tan cansada que siquiera el café puede despertarme. Tengo tanto frío que ni mil abrazos harían que tuviese un poco de calor. Estoy tan débil que ni todas las vitaminas me darían algo de fuerzas. Estoy tan rota, que ya es imposible unir los pedazos de lo que antes la gente llamaba 'mi corazón'.
Invisible.
Estaba
tan rota que ya siquiera la mejor de sus sonrisas disimularía su tristeza. Se
le notaba. Las ojeras traspasaban las capas de maquillaje aplicadas sin cuidado
bajo sus ojos, a los que hacía tiempo que se les había apagado el brillo que
mucho tiempo antes la había caracterizado. Hasta su forma de caminar era
distinta: bajaba la cabeza y se miraba la punta de los zapatos mientras andaba
sin energías para hacerlo mejor. El pelo lo llevaba con un recogido no
demasiado trabajado, y las antiguas mechas azules que habían decorado su
cabello, ahora estaban descuidadas y lo que un día le iluminó el rostro, ahora
le daba un toque dejado. 15/2/14
Dudas sin respuertas (coherentes)
1/2/14
Recuerdos.
Esa
sala me inunda de recuerdos. Solo entrar, era el olor que hacía. No es
comparable con nada, es algo única, propio de ese lugar. Recuerdo el suelo de
madera e irregular, sobre el cual descargaba mi energía cada vez que bailaba.
Recuerdo el frío del invierno, la forma en la que nos acercábamos a la estufa
de gas para hacer que nuestro corazón no se helara más de lo que ya estaba. (y
es que para bailar se necesita un corazón que palpite con fuerza). Recuerdo,
también, los espejos en los que nos corregíamos los pasos erróneos, dónde nos
veíamos. Veíamos la hermosura que formábamos, una unión perfecta a la vez que
brillantes individualidades. Alguna tenía las medias más rotas que la otra, tal
vez una llevaba el pelo recogido de forma diferente, pero el conjunto era
harmonioso y puro. Era algo real. Y el piano donde alguien se sentaba a tocar
nuestros ejercicios, trabajados y ejecutados de forma casi perfecta. Pero, allí
un error no se disimulaba. Y si fallabas, sentías que fallabas al grupo. Que
todo era tu culpa. Pero, disfrutaba. Cada pirouette era un nuevo reto, cada
plié debía estar perfectamente ejecutado. Me exigía más que nunca, luchaba por
conseguirlo. Para mantenerme derecha a la vez que con la pierna estirada, y la
punta de los pies en la forma perfecta. Pero todo se ha quedado en un par de
vestidos en un armario, perdidos.25/1/14
Gotas.
El sonido de la lluvia inunda la tarde. Mojan un suelo ya mojado. Mojadas, también, las páginas en las que tanto tiempo ha pasado creando, se hacen nada, se disuelven, mueren, inundadas por la tristeza contenida. Pero no son de lluvia sus gotas, Salen de sus ojos, limpiándolo, a veces a pares, a montones, o solitarias. Un sollozo irrumpe el sonido de la lluvia, lo rompe, lo quiebra. Y ya no se calla, ya no se para. Un mar silencioso la ahoga, ella misma se destruye, se desmorona. La marea sube, enfurecida, y ella, en su triste ventana abierta, observa como las olas rompen al precipicio, fuertes, nuevas, valientes. Sus lágrimas siguen cayendo, precipitándose sobre el agua, aunque insignificantes, pequeñas. Y ella sigue sus penas, y la ventana se cierra, y ella cae, estalla, se precipita, y se hunde, pequeña, insignificante, sola, triste, rota, nada.
24/1/14
Adiós.
Su marcha no ha hecho más que abrir
cicatrices superficialmente cerradas. Y nada puede hacerte olvidar
sus rasgos, esa nariz aguileña tan suya. Y el remolino en su
cabello, y lo mucho que le enfadaba despeinarse. Solo la forma que
tenía de acariciar tu pelo parece que no se va a marchar nunca, lo
calmada que te sentías a su lado, la forma en que sus labios
presionaban tu mejilla, la dulce música que provocaba con solo
sonreír. Parecía que no te hacía falta nada más para ser feliz,
el brillo de sus ojos parecía darte la vida. Pero es demasiado
tarde. Te das cuenta, te das cuenta de que sus recuerdos no van a
irse, que levantarás por la mañana pensando que todo es una
pesadilla, pero no, es real. Estás sola, y él ya no está ahí para
relajarte y hacer que te duermas otra vez. El pulso no deja de
acelerarse, desorbitado, hacia algo inexistente. Y nunca vas a asimilar ese "adiós".




