Mal regusto de boca quedó en nuestro final. Lágrimas y soledad nublaron todos esos días y noches y abrazos y besos. Y tu me olvidaste, y yo sigo aquí, viviendo entre las infelicidades del pasado y hundiéndome en la almohada que solíamos compartir. Y sigo sin conseguir ser algo más que lo que fuimos, un puzzle sin completar al que tu le faltas aunque seguramente ya tendrás piezas nuevas con las que encajar. Y es que mis finales sin forzar son de los malos, de los que marchitan las rosas recién cortadas. Y es que tu ya me has olvidado y yo no consigo dejar de pensar en ti, y es que nuestras felicidades se quedaron en las tuyas y a mi me ha tocado las cosas malas, que el que se dedicó a repartir y mezclar se olvidó de su trabajo y todo quedó en nada, y yo me quedé en el recuedo de lo que fuimos y un par de cuadernos llenos de lágrimas y algún que otro verso.
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