No ha sido el mejor de mis inviernos. De hecho, creo que ha sido de los peores. Y es que no hay nada que se pueda comparar con el dolor de la solitud, con la tristeza de no tener a nadie a quién abrazar para luchar contra el frío de la noche. Pero aquí ha llegado la primavera, con sus campos de flores y sus rayos de sol entre nuves. Con el amarillo del trigo danzando al ritmo de ése viento que no hace más que despeinarte un poco. Cómo he echado de menos a mi brío de esperanza, pero parece que está renaciendo junto a las flores. Y es que en mi invierno he sido una flor marchita, con sus azules pálidos y sus pétalos caídos. Pero aquí ha llegado mi primavera, esperada y deseada primavera. Espero que me hagas renacer.

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