27/3/14

Que todo me recuerda a ti.

Mírame a los ojos y cuéntame cómo me olvidaste.

Quiero que simplemente me des las instrucciones de cómo olvidar porque por más recetas que sigo no lo consigo y es que contigo todo es más fácil. Y parece ser que ahora tú tienes la experiencia, así que cuéntame, ¿cómo te olvido? ¿cómo aparto de mi mente cada uno de los momentos que pasé a tu lado? Alguien me dijo que cerrara los ojos y pensara en algo bonito, pero joder, solo se me ocurre tu rostro. Otro me dijo que me tumbara en la hierba y viera como los pájaros volaban de día y como la luna dejaba la noche un poco menos oscura. Pero qué quieres que haga si cada estrella me susurra tu nombre, si cada flor me recuerda a las que les arranqué los pétalos solo para confirmarme que no me querías.
Y es que creo que la única forma de olvidarte es no quererte pero tampoco se que hacer para desenamorarme de ti, así que espero que tú tengas una idea mejor porque así no puedo.

26/3/14

Palabras.

Palabras que como dagas se clavan en el alma. Palabras que como veneno matan al corazón. Palabras que emborrachan al amor y entristecen a las sonrisas. Palabras que sin querer nada lo son todo y a la vez tan poco. Palabras inolvidables y palabras sin recordar. Palabras que reflejan la mezquindad de uno mismo y que adornan unos hechos pasados. Palabras inventadas o rescatadas de los confines del tiempo, olvidadas por el paso de éste. Palabras describientes de fenómenos inexistentes, palabras que simplemente nunca se han pronunciado. Palabras que dejan ver las tristezas del hablante, mil y una palabras que no se pueden sustituir por imágenes, mil y una lágrimas que sin palabras hacen más que éstas. Palabras que mienten por si solas, palabras que dificultan el camino hacia el infinito. Palabras que nacen y palabras que mueren. Pero sobretodo, palabras que matan.

24/3/14

Lágrimas de lo que fuí.

Y de tanto aguantar, al final me salieron las lágrimas a cascadas. Que todas las tristezas no lloradas, se sumaron, como una bola de nieve en los dibujos animados, que rueda y rueda y de ser nada pasa a ser algo enorme. Y mi bola de tristezas llegó al final de la montaña, se rompió y yo con ella. Que en medio de la multidud, recibí un golpe y me mató, que no pude absorbirlo y simplemente me rompí. Y cuando empecé a llorar, las lágrimas salieron a cascadas y parecía un río interminable. Que no se cómo no inundé el suelo de los mares que salieron por mis ojos, lágrimas contenidas y expulsadas en el peor de los momentos. Lágrimas de odio, de sangre, de decepciones, de tristezas. Lágrimas de lo que fuí.
Al menos, espero que no haya motivos para hacer otra bola de nieve, que si no muero de esta, pueda estar un tiempo feliz.

23/3/14

Esperada primavera.

No ha sido el mejor de mis inviernos. De hecho, creo que ha sido de los peores. Y es que no hay nada que se pueda comparar con el dolor de la solitud, con la tristeza de no tener a nadie a quién abrazar para luchar contra el frío de la noche. Pero aquí ha llegado la primavera, con sus campos de flores y sus rayos de sol entre nuves. Con el amarillo del trigo danzando al ritmo de ése viento que no hace más que despeinarte un poco. Cómo he echado de menos a mi brío de esperanza, pero parece que está renaciendo junto a las flores. Y es que en mi invierno he sido una flor marchita, con sus azules pálidos y sus pétalos caídos. Pero aquí ha llegado mi primavera, esperada y deseada primavera. Espero que me hagas renacer.

18/3/14

Y me olvidaste y no te olvidé.

Mal regusto de boca quedó en nuestro final. Lágrimas y soledad nublaron todos esos días y noches y abrazos y besos. Y tu me olvidaste, y yo sigo aquí, viviendo entre las infelicidades del pasado y hundiéndome en la almohada que solíamos compartir. Y sigo sin conseguir ser algo más que lo que fuimos, un puzzle sin completar al que tu le faltas aunque seguramente ya tendrás piezas nuevas con las que encajar. Y es que mis finales sin forzar son de los malos, de los que marchitan las rosas recién cortadas. Y es que tu ya me has olvidado y yo no consigo dejar de pensar en ti, y es que nuestras felicidades se quedaron en las tuyas y a mi me ha tocado las cosas malas, que el que se dedicó a repartir y mezclar se olvidó de su trabajo y todo quedó en nada, y yo me quedé en el recuedo de lo que fuimos y un par de cuadernos llenos de lágrimas y algún que otro verso.

Besos marchitos.

Te llamaría diciendo que me olvidé de devolverte tus besos cuando te los dejaste en el último portal donde se supone que nos quisimos. Lo haría, créeme que lo haría. Pero me han dicho que ya no los quieres ni los necesitas, igual que ya ni me quieres ni me necesitas a mi. Y es que, ¿cuándo nuestro río de amor quedó atascado y se convirtió en lo que sea que es ahora? Tal vez ahora serías capaz de mirar lo que fue el brillo de mis ojos y seguir apagándolo hasta que ni siquiera el sol fuese capaz de reflejar algo de alegría y es que eres, o al menos eras capaz de conseguir lo que querías como hiciste conmigo (aunque tal vez a mi nunca me quisiste, dudo que llegue a saberlo). 
Bueno, pues eso, que me quedé con tus besos pero que sin ti no sirven para nada, que a mi lado solo hacen que marchitarse y me marchitan también a mi. Se que te sigo escribiendo y se también que alguien te está escribiendo otra historia, ya que tu no lo harías porque eres incapaz de involucrarte en algo. Tal vez te sorprendes que todavía recuerde todas y cada una de las conversaciones que mantuvimos pero es que, aunque parezca mentira porque a ti no te importó una mierda, me marcaste y me dejaste con una huella imborrable en mi corazón, y unos cuantos besos marchitos que sin ti no hacen más que reabrir cicatrices.

14/3/14

Falsedades.

En mi no hay nada real, nada que se pueda demostrar, o probar, o yo que sé. Me he acostumbrado tanto a mentir que ya no sé diferenciar mis falsas versiones a las verdades, que me he perdido en mi propio mar. Que no hay nada creíble en mi, que siquiera yo llego a saber qué soy. Que no sé si estoy bien o mal, que estoy hecha de mentiras y que tal vez nada de esto es real. No se si me he aislado en un dolor inexistente o si realmente tengo motivos para ser quién soy, aunque tampoco podría definirme. Que soy falsa felicidad y falsa tristeza, que hace tiempo que dejé de sentir lo que soy y que no se de dónde han salido todos estos cambios, pero que alguien me ajuste y me deje las cosas claras, que ya no distingo lo real de lo falso.

Nadie ya.

Llegaste a mi vida con la intención de curar todas mis heridas, sin saber que era imposible, que vivo en un invierno permanente y que siquiera en pleno verano puedo llegar a ser feliz. No pienses peor de lo que deberías, mis sonrisas eran reales. Me hiciste estar un poco menos triste y empezaste una primavera que no iba más que a ninguna parte. Creíste que me abriste el horizonte pero yo sabía que esa línea tenía final. Porque siempre pasa, nada es para siempre, y aunque fuiste la única que no echó sal en mis heridas, creo que ni tan solo el tiempo puede curarlas. Te agradezco de corazón estos meses, y querría que no te fueras nunca. Pero vivo de recuerdos y deseo que el nuestro sea bueno, y mis finales sin forzar son malos finales, de los que ensucian las bonitas historias. Así que, fuerzo nuestro final. No quiero hacerte daño y se que, aunque no lo creas, a mi lado acabarás como yo. Nadie ya puede borrar mis tristezas.

7/3/14

Las ranas sin príncipe a veces también sueñan.

Pasémonos los días buscando corazones entre las nubes, sentados en un banco ahogándonos en besos o hablando entre risas de cosas felices. Pasémonos las noches contando estrellas, observado como la luna nos observa. Hablemos con luciérnagas y grillos y perdámonos en las oscuridades del más bonito de los bosques. Hundámonos en las profundidades del mar mientras acariciamos las olas y los peces nos pellizcan los pies. Abracémonos hasta que nos durmamos entre los brazos del otro, y es que qué bien encajaría mi cabeza en tu clavícula. Callémonos con besos a medianoche y naveguemos entre nuestro pequeño océano, a la vez que apartamos las gotas de lluvia del rostro del otro para no perder detalle de nuestras facciones. Vivamos nuestro sueño, soñemos nuestra vida. 

(Pero quién va a quererme a mi, ningún príncipe va a convertir la rana que soy en princesa, porque aquí el cuento es al revés)

Las despedidas tardanas siguen siendo despedidas.

Sé que hace tiempo que dejaste de pensar en mi y no hace falta que te disculpes por no echarme en falta. No he empezado con una salutación porque, como tal vez recuerdes, nunca he sabido comenzar las cosas, igual que nunca aprendí a terminarlas. Te escribo porque, de todas las personas de las que me alejé en ese momento, eres a la que más echo de menos. Eres la única a la que mi corazón llegó a querer y solo tú retrasaste mi entrada en el mundo de las tinieblas. Y es que el mundo de la felicidad es tan grande... pero, el de la infelicidad (como recientemente he estado descubriendo) aún lo es más. Y no se puede llamar tristeza porque hay pequeños destellos en el paisaje gris, rayos que iluminan la infinita noche lluviosa. Aunque parezca mentira, creo que estoy empezando a usar las metáforas lluviosas como si fuera algo malo, y ahí es donde te puedes dar cuenta de que algo ha cambiado en mi. 
Quiero que sepas que las cosas me van mejor que cuando nos dijimos adiós. De vez en cuando me siento con fuerzas y tal vez algún día llegue a salir de esta. Aunque, para qué mentir, mis ojos no van a volver a brillar y en mi sonrisa siempre van a quedar secuelas de estos días. El frío sigue en mi. Parece que se ha decidido a quedarse y cada día helarme más. Y es por eso que la muy egoísta de mi te echa de menos: ya no hay nadie que me abrace por las mañanas y descongele una parte del hielo en mi cuerpo. Sabía que esa parte se volvería a helar al cabo de un corto espacio de tiempo, pero al menos se había ido algo, y había más parte que llenar, tardaría más en perder mi batalla. 
Para serte sincera, he dejado de bajar a la calle cuando llueve o de intentar hacer eso de romper la rutina. Vivo en días grises y homogéneos, nada distingue unos de otros. Suelo sentirme pequeña e inútil, con las menos ganas posibles de vivir. Estoy perdida la mayor parte del tiempo. Intento con todas mis pocas fuerzas combatir contra el sueño y seguir viviendo un día más, aunque no se cuanto tiempo aguantaré. No hago más que equivocarme y herir a la gente, aunque los que no se han ido sin despedirse los he echado a patadas de mi vida. Soy tierra pasajera, poco útil y acostumbrada a ser abandonada.
No espero que vuelvas, al contrario, quiero que te quedes a salvo. Espero que seas feliz y que no me recuerdes; he herido ya a suficientes personas como para herirte a ti también.
Espero que esto suene a despedida y espero también que no te afecte, pero siento que nos lo debíamos. Hasta siempre (y hasta nunca).

3/3/14

Tiempo perdido.

Otras veinticuatro horas más, otra cruz roja en el calendario. Ya siquiera recuerdo si fué ayer o entes de ayer cuando le ví o la última vez que salí. Si ese sueño fue hace dos o tres noches, si ese libro lo terminé hace una o dos semanas. El tiempo se me escapa por el agujero del reloj de arena cuando (en teoría) cada granito debería contar. Pero una vez más, erro y cuando me doy cuenta, han caído tantos granitos que han formado una montaña de inutilidad. Y yo que no hago más que pasar ojas de un calendario (que ahora que me fijo es del año pasado). Los días me pierden, se pierden, o yo les pierdo. Todo es tiempo perdido.