Pasémonos los días buscando corazones entre las nubes, sentados en un banco ahogándonos en besos o hablando entre risas de cosas felices. Pasémonos las noches contando estrellas, observado como la luna nos observa. Hablemos con luciérnagas y grillos y perdámonos en las oscuridades del más bonito de los bosques. Hundámonos en las profundidades del mar mientras acariciamos las olas y los peces nos pellizcan los pies. Abracémonos hasta que nos durmamos entre los brazos del otro, y es que qué bien encajaría mi cabeza en tu clavícula. Callémonos con besos a medianoche y naveguemos entre nuestro pequeño océano, a la vez que apartamos las gotas de lluvia del rostro del otro para no perder detalle de nuestras facciones. Vivamos nuestro sueño, soñemos nuestra vida.
(Pero quién va a quererme a mi, ningún príncipe va a convertir la rana que soy en princesa, porque aquí el cuento es al revés)
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