11/4/14
Carreras de obstáculos y caídas y de todo.
El golpe que me dí al darme cuenta de que creerme feliz no iba a hacer que lo fuera me sorprendió de tal forma en la que solamente la realidad puede hacerlo. Se dirá que poco lo he intentado, pero tenía poca fuerza acumulada y pensé que solo necesitaría un impulso. Pero mi pista no era de cien metros lisos, era una maratón de obstáculos interminable para la cual necesitaría más de un millón de veces la fuerza que algún día podría conseguir. A la primera valla me caí y ahí me he quedado, tumbada y con más de una nueva herida que curar. Sin ya nadie percatándose de mi presencia, obviando a los perdedores. Como siempre, sigo invisible. Y, ahora mismo, la carrera debe haber terminado, y por lo tanto tengo otra medalla de perdedora que colgar de mi pared.
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