3/5/14

En el más apartado banco del parque.

Laia está sentada en el medio del más apartado banco del parque. Hace bailar un balón naranja entre sus pies a la vez que cuenta los pájaros que exploran el cielo. Sostiene entre sus manos una libreta sin pauta, con las hojas de un blanco gastado. En él va trazando el vuelo de sus pájaros favoritos, calcando el llanto de algún que otro niño que se ha caído del tobogán. Calca también el ir y venir de los columpios impulsados solamente por el viento, sin ningún ocupante que intente alcanzar las nubes montando en ellos.
Cuando le parece que sus trazos son suficientes, coge un color de su caja. Esta vez escoge el verde, y con él rellena las hojas que danzan siguiendo la melodía del silbido del viento, que pasa a través de ellas haciendo caer cada vez un par. Pinta también un poco de hierba por aquí y por allí y el jersey de la mujer que pasea al perro.
Cuando termina, Laia cierra el cuaderno y lo deja en el banco en el que cada día lo encuentra, siempre con una nueva escena pintada con solamente uno de los colores de su caja. Siempre hay alguna cosa que le sorprende; desde dos niños recorriendo el parque de la mano hasta un abuelo jugando (con el que parece ser su nieto) a hacer castillos en la arena. Y día tras día, ella deja allí su cuaderno para que, tal vez, alguno de los retratados en las páginas de la pequeña artista, se encuentre y se sorprenda de haberle llamado la atención a Laia.

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